Le acompaña en cada partida
Al terminar, le dice con sus propias palabras qué ha hecho bien y qué puede practicar, con su nombre y a su altura.
Con tecnología de inteligencia artificial, el Tutor ayuda a cada alumno a repasar jugando los conceptos clave de su nivel y de cada asignatura, y a dar sus primeros pasos con las nuevas tecnologías de una forma sana y con sentido.
«¡Qué bien has contado las manzanas, Marta! El ocho se te ha resistido un poquito; mañana lo practicamos.»
Los juegos son los mismos para todos; el Tutor es lo que hace que cada niño tenga los suyos. Mira cómo juega, le habla, le ajusta la dificultad y se lo cuenta a los mayores.
Al terminar, le dice con sus propias palabras qué ha hecho bien y qué puede practicar, con su nombre y a su altura.
Revisa lo jugado y decide si sube, sigue o baja (un nivel como mucho) en números y en letras, y deja escrito por qué. El niño no ve notas.
En el informe, lo que observa y tres actividades sin pantalla para trabajar en casa justo lo que le cuesta.
Si el adulto lo enciende, el niño puede preguntarle en voz alta y el Tutor le guía sin darle la respuesta. Viene apagado.
Lo que no hace: no inventa los ejercicios (están diseñados y revisados uno a uno), no ve nada del colegio y no sustituye al maestro: lo acompaña.
Dos objetivos a la vez: afianzar lo que se trabaja en el aula y que su primera relación con la inteligencia artificial sea útil, corta y acompañada.
Cada curso repasa lo suyo por áreas y asignaturas. A los cinco años: contar, series, comparar, letras, sílabas, trazo y primeras lecturas. Lo que cuesta vuelve hasta que sale.
Pantalla para aprender, no para pasar el rato: un asistente de IA que escucha, explica y anima, y que le enseña que la tecnología es una herramienta.
En Infantil la consigna se dice en voz alta y se contesta tocando fichas grandes. La tecnología se adapta al niño, no al revés.
Partidas de cinco rondas. Con los tres rincones del día hechos (unos doce minutos) el propio portal le propone dejar la pantalla.
Juegos por rincones (números, letras y arte), como en clase. Tres huecos que se llenan con su pegatina al terminar una partida; al día siguiente vuelven vacíos sin perder nada.
Tola la tortuga, u otro que elija, le acompaña, celebra los aciertos y charla al tocarlo. Sin hambre que crece ni tristeza: nada se pierde por no entrar.
El cuadro de la semana, el álbum de dibujos que ha pintado y sus letras y números, que se iluminan cuando los acierta a la primera dos veces.
Al fallar no sale la respuesta: una pista que se va concretando hasta que lo consigue solo. Si aún se atasca y está encendido, puede preguntarle al Tutor.
Arriba a la derecha, «Para mayores» abre lo que no es del niño.
Cada curso tiene sus juegos y su Tutor, preparado para lo que se trabaja a esa edad. Un niño de cinco años no lee, así que juega tocando; los cursos que ya leen tendrán su propia forma de trabajar.
Lo justo para que el Tutor se adapte. Nada de publicidad ni de terceros.
La cuenta la da su colegio. Entra con ella, elige el curso en Ajustes y el Tutor empieza a conocerle desde la primera partida.
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